miércoles, 8 de agosto de 2012


Taxi Driver 2.0


Un rayo de luz abrasador y perfectamente dirigido a mis ojos me despertó. Delicadamente cambié de postura y observé el despertador, eran las 10:00. Maldije al gigante de hidrógeno y trate de dormir algo más pero lo único que conseguí fue una y otra vez deshacer el colchón.

De mala gana tomé rumbo hacia el baño, tres veces me miré fijamente en el espejo y otras tantas ahogué mi rostro en agua. Entonces una corriente, un impulso momentáneo o como demonios pueda llamarlo atravesó mi cerebro abriéndome los ojos de par en par. Sin saber bien el porqué busqué el nombre de Lucía en mi agenda y sin vacilar la llamé.

Tras cinco intensos tonos, en los que el palpitar de mi corazón iba mermando mi valentía, recibí respuesta:


- ¿Si?

- ¡Hola! Soy Silvio el taxista que le acercó a la estación de autobuses hace unos días.
¿Me recuerda?

- Sí, sí, le recuerdo. Espero..Pi...Pi....Piiiiii....Pi...Pi...Piiiiii...



Y así terminó la ''álgida'' conversación. Con el ritmo cardiaco simulando el traqueteo de un viejo tren y el rostro desencajado dejé el teléfono encima de la mesa.

Pase mucho tiempo dándole vueltas al asunto, menudo idiota.
Me preguntaba una y otra vez si había obrado mal, y entre preguntas creaba teorías imposibles con el fin de autoconvencerme de que todo iría bien, tanto debí pensar que el agotamiento fulminó la vitalidad de mis neuronas dejandome profundamente dormido.


No podría realizar un cálculo exacto del tiempo en que Morfeo acarició mis sueños, pero si puedo afirmar que al despertar no supe que había sido real y que no hasta que observé el teléfono. Tenía un nuevo mensaje, era ella.




- Silvio soy Lucía, lamento mucho que se haya cortado la comunicación.
Me he quedado sin batería. ¿Te apetecería tomar algo esta noche?
 Te espero en Le violon bleu a las 23:00. Por favor no contestes a este mensaje.
P.D.: Iré de negro.






Mire el reloj eran las 21:00 tenía tiempo justo para prepararme algo de cenar y acicalarme.


Cogí la bici, con el fin de evitar contratiempos, y en menos de 15 minutos me presenté en el lugar de la cita. Llegué con antelación así que me acomodé en la mesa que miraba directa a la puerta de entrada; era un bar encantador decorado al serio estilo de una taberna irlandesa aderezado con el descaro de un cabaret de la época. Tenía una zona con un piano de cola en la que estaba actuando, a un volumen aceptable para poder conversar, una banda de blues; en ese momento estaban tocando una preciosa canción de Gary Moore (dar un click aquí y dejarlo abierto en otra ventana para seguir con la lectura), dada la euforia que mis venas transportaban por el eléctrico momento transmitido por el solo de guitarra decidí indicar a un educado camarero que por favor me sirviese un gin tonic.


En mitad del primer sorbo y en pleno apogeo musical apareció ella, tal y como dijo, engalanada en un precioso y recatado vestido negro, su pelo parcialmente recogido ensalzaba sus delicadas facciones y sus ojos denotaban la viveza de su alma.


No tuve oportunidad para indicar donde estaba situado dado que su mirada ya me acariciaba desde la distancia.


Con delicados pasos de bailarina que no despertarían ni al más feroz perro guardián, ni al mismísimo Cerbero, se fue acercando. Solo restaban escasos segundos para volver a oír su voz emanar de sus enrojecidos y apetecibles labios.


- Hola Silvio, quizás te parezca extraño pero...he de sincerarme.
Desde el primer momento en que vi tus ojos ansié el conocerte, me alegra poder compartir este momento contigo.


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We rendezvous at a quarter-two, and make sure we're alone.
I may have found a way for you and I to finally be free.

When we get there, we're gonna go so far away.
Making sure to laugh; while we experience anti-gravity. 

        

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