domingo, 15 de septiembre de 2013

Taxi Driver 5.0     


Bailando con el viento; flotando en una nube silenciosa con la única preocupación de soltar lastre y bañar de vida todo lo que aguarda debajo de ella; aquello que ama y cuida: grandes bosques, inmensos mares, infatigables animales… Que alimentan su viaje; mi metamorfosis.




¿Será este el fin…? Puedo sentir la proximidad del Sol y de sobras sé que no puedo esquivarlo. La corriente empuja, el destino aguarda.

Noto lentamente como el calor me abraza. Una inmensa paz y alegría se cala hondo en mí ser. El fulgor solar me sonríe cuando de pronto,  un ruido arrítmico e indescifrable  acomete desgarrando la escena. Sensaciones extrañas, que escapan a mi comprensión, empiezan a turbarme. El súmmum de la felicidad empieza a resquebrajarse; los vitales rayos de luz comienzan a retirarse de una guerra sin cuartel contra la potencia de la tormenta y su ejército de nimbos.




La tempestad se agita vencedora creando a su vez el caos en el techo del cielo. Excitación y choques provocan una tempestad de proporciones bíblicas.

Tal agitación me sitúa en el previo a un salto mortal, y, como si de una pluma se tratase, lentamente me dejo caer; me dejo llevar por las leyes de Newton…

La gravedad me empuja siendo la destrucción un hecho inminente. Instantes restan para el fin de mi andadura cuando algo en mi interior (algo que había pasado hasta el momento desapercibido) empieza a agitarse sin control.




3…2…1…- luz verde para el aterrizaje.



-          AHHHHHHHHHHHH!!!!!! - un grito desgarrador sale de mí ser.



Confundido miro a mí alrededor; unas paredes de color verde me rodean acompañadas de artilugios complejos. Al parecer me encuentro tumbado… (No entiendo nada). Me encuentro demasiado sobrecargado como para realizar conjeturas, mi procesador necesita enfriarse. Involuntariamente caigo en un profundo sueño.





-          Silvio…Silvio…





-          Silvio…Silvio…



Una leve caricia se desvanece bajando desde mi hombro. Al abrir los ojos pude ver una enternecedora mujer que miraba con los mismos ojos con los que una madre disfruta viendo a su pequeño descansar.

A juzgar por su vestimenta y el decorado me encontraba en un hospital.



-          Silvio, soy su enfermera; la señora Martínez. Hemos temido por su vida en los últimos días. Sus constantes vitales estuvieron empeorando con respecto a los anteriores meses. Me alegro de verle. ¿Se encuentra bien, verdad?

-          ¿…con respecto a los anteriores meses? – contesté conmocionado ante la situación.

-          Disculpe, pensé que ya habría hablado con el doctor Blanco. Ahora mismo le digo que pasé a visitarle. Repose tranquilo,  si necesita algo no dude en tocar el timbre que tiene alojado en la cama.


¿…Meses? A qué demonios se refería… La confusión era enorme. No sabía qué demonios hacía allí, ni tampoco recordaba que me había ocurrido. Notaba cierto aletargamiento en mi ser, pero exceptuando eso, no sentía dolor agudo ni leve en todo el cuerpo. Oigo pisadas, alguien se acerca…

-          ¿Silvio? Encantado, soy el doctor Blanco. Disculpe la tardanza; hemos tenido ciertos problemas que más tarde le serán explicados. He de informarle de que usted acaba de despertar del coma.

-          ¿…Cómo?- no salía de mi asombro.

-          Le explicaré desde el comienzo: usted ingresó hace cerca de 11 meses con un traumatismo craneoencefálico en estado grave, un fuerte traumatismo facial y además de ello contaba con múltiples hematomas y magulladuras por diversas partes de su cuerpo. He de confirmarle que mucho antes de que el equipo de emergencia llegara a la zona de los hechos, usted ya había perdido la conciencia.


No entendía nada;  quizás tuve un accidente con el taxi, o puede que una mala caída con la bicicleta; cuantísimas veces habían remarcado los míos esa característica manía de asumir riesgos innecesarios solo por el gusto de sentir el aire golpeando la cara…


-          Entonces…. ¿Sufrí algún accidente de tráfico…?- como es lógico tenía mucho interés por despejar mis dudas.

-          No. Al parecer, y según relatan testigos del suceso, usted fue brutalmente atacado por un corpulento hombre…


En ese momento el glaciar de mi memoria empezó a deshelarse y los recuerdos golpearon mi mente. Un torrente inmenso de imágenes apareció (donde antes no había nada o quizás donde antes era incapaz de ver, debido a la cinta que el tremendo golpe había puesto en mis ojos). Todo empezaba a cobrar sentido.

-          ¿Dónde está Lucia? ¿Detuvieron a mi agresor?-

-          …mmrr…mrrr…- el doctor comenzó a aclarar su garganta, mientras realizaba un gesto a la enfermera. Su tez se agravaba con preocupación e instantáneamente, y más veloz que un rayo, ésta salió del habitáculo                       - ¿…recuerda que le comente que habíamos tenido ciertos problemas…?- gotas de sudor caían por su frente…- Ahora mismo se lo aclararán…- y el Dr. Blanco desapareció sin más explicación.


Los segundos se convirtieron en horas y los minutos en días antes de que las respuestas a todos mis interrogantes se personificaran.




-          ¡Para haber estado en las tinieblas, he de admitir que le veo bastante fuerte! Los médicos dicen que su estado de salud es excepcional en estos momentos. Parece ser que Hades no le recibió con los brazos abiertos y mandó a Cerbero para que le asestará un buen bocado y así devolverlo al mundo de lo fugaz; ¡Bien hecho!

No entendía nada de lo que aquel enrevesado interlocutor quería decirme. Quizás hablara con segundas, quizás no.

-          Pero… ¿Quién narices es usted?

-          ¡Qué despiste el mío! Por favor, disculpe mis malos modales. Soy el agente Ramírez, tengo asignado su caso.




-          ¿Cómo...? Exijo una explicación al respecto.

-          Por supuesto caballero. Está usted relacionado con la desaparición de María Lucía Pons Caballero.





Whatsoever I've feared has come to life
Whatsoever I've fought off became my life
Just when everyday seemed to greet me with a smile
Sunspots have faded
And now I'm doing time
Cause I fell on black days